
La primera conversación no debería ser:
¿Qué estilo visual queremos?
Debería ser:
¿Qué necesita comprender cada audiencia?
Antes de elegir colores, fotografías o recursos gráficos, hay que definir:
— Qué mensajes queremos posicionar
— Qué resultados los respaldan
— Qué información debe jerarquizarse
— Qué temas requieren mayor claridad
— Qué relación existe entre estrategia, desempeño e impacto
Cuando estas decisiones no se toman, el diseño termina intentando ordenar lo que el proceso estratégico dejó sin resolver.
Y entonces aparecen las páginas saturadas, los capítulos desconectados y las gráficas que muestran datos sin explicar su relevancia.
El diseño no debe decidir qué decir.
Debe encontrar la mejor manera de hacerlo visible.